Saltar al contenido

LAURA FERNÁNDEZ

VOLUNTARIA DE CCONG

“ Me marché por desamor y volví con más amor por mí misma“

¿Eres de mar o montaña?


Qué difícil… Siempre he sentido una conexión muy fuerte con la naturaleza. Me siento bien cerca del mar y me siento bien en la montaña. El verde y el azul me dan paz. No sabría elegir.


¿En qué momento vital estabas cuando decidiste ir a hacer un voluntariado?


Tenía 27 o 28 años. Había dejado un trabajo estable para volver a Estados Unidos, algo que siempre había querido repetir. Pero esa segunda vez fue muy diferente. El trabajo era más exigente, el entorno no fue amable conmigo y empecé a sentirme muy pequeña. Pasé mucha ansiedad.

Además, llevaba seis años con mi pareja y, a las dos semanas de estar allí, me dejó por WhatsApp. Sin una llamada. Se me vino el mundo encima. Fue un año muy difícil.

¿Qué pasó dentro de ti para dar el paso y marcharte?

Llegó un momento en que incluso a nivel de salud me puse enferma. Estaba agotada emocionalmente. Y me di cuenta de algo muy importante: yo estaba allí porque quería.

Siempre he sido muy exigente conmigo misma, muy perfeccionista. Para mí, dejar ese trabajo era como fracasar, como tirar la toalla. Pero entendí que tenía que aprender a poner límites. Y poner un límite, por primera vez, era elegirme a mí.

Decidí dejarlo. Pero tampoco quería volver directamente a casa, así que le pregunté a una doctora amiga mía por alguna ONG seria y me habló de CCONG. Contacté con ellos y todo fue muy fácil. En pocos días estaba organizando mi viaje a Nepal.

¿Por qué Nepal?


Quería ir a un lugar de montaña. Necesitaba naturaleza, silencio, algo auténtico. Me hablaron de un proyecto en Singati, un pueblo muy humilde entre montañas, con una escuela muy precaria que había quedado muy afectada tras una catástrofe natural.

Cuando me explicaron el proyecto, sentí que era un sí. No fue algo muy racional. Fue una intuición. Y me fui.

¿Qué esperabas encontrar allí que no estabas encontrando aquí?


Venía de un momento muy complicado, con un vacío muy grande dentro de mí. Sentía que a nivel laboral lo de Estados Unidos no había salido bien y me veía un poco fracasada, aunque en realidad había sido un aprendizaje para poner límites y escuchar mi corazón. Además, estaba pasando por una ruptura de seis años.


No fui esperando algo concreto. Esperaba poder ayudar, abrirme al mundo, ver otras realidades, sentir sonrisas y conocer historias que me llenaran el alma. Y al final fue eso: más que brindar yo ayuda, sentí que esas personas me estaban ayudando a mí, solo por cómo son y por los
valores que tienen.

¿Qué cambió en ti durante la experiencia? ¿Hubo un antes y un después?


Fue un choque de realidad muy fuerte. Venía de Estados Unidos, de una sociedad muy desarrollada en comodidades, y me fui al otro extremo. Ese contraste me removió profundamente.

Me hizo recordar lo que realmente importa. En el fondo yo ya sabía cuáles son mis valores, pero estaba tan hundida que había perdido la conexión con mi esencia. Allí, en contacto con esa cultura, con esa sencillez, con esa humanidad tan directa, la recuperé.


Sí, claro que hubo un antes y un después. Volví distinta porque recordé lo importante de la vida. Me había ido muy inquieta, muy ansiosa, pensando que había fracasado, y volví más tranquila en ese sentido. Seguía en proceso, porque todo tiene su tiempo, pero regresé habiendo reconectado conmigo, con lo que soy y con lo que de verdad importa.

¿Te acuerdas de alguien en concreto del viaje?


Sí. Nir, el profesor de inglés de la escuela. Fue quien me recibió, me ayudó con todo, me abrió las puertas de su casa y de su familia. Son increíblemente hospitalarios. A día de hoy todavía seguimos en contacto de vez en cuando.


Y también recuerdo a un hombre de una aldea en las Annapurnas. Antes de empezar el voluntariado hice un trekking y me puse enferma en mitad del recorrido. Llegué muy asustada a una pequeña aldea. Él me miró con una calma absoluta, me hizo tres preguntas sencillas y me dijo que me tranquilizara, que me daría una sopa caliente y una cama, y que al día siguiente tendría un coche para bajar.


Esa mirada de paz, esa seguridad tan sencilla, no la olvidaré nunca.

¿Qué le dirías hoy a la versión de ti que estaba rota antes de irte?


Que estuviera tranquila. Que, aunque no lo entienda en ese momento, todo pasa por algo. Que no olvide quién es ni lo que realmente importa.


Me marché por desamor… y volví con más amor por mí misma. Y desde ahí, la vida fue recolocándose. Después conocí a Raúl, mi pareja actual, y cuando miro atrás entiendo que todo tenía un sentido, aunque en su momento doliera tanto.

¿Ayudar, ayuda?


Sí. Totalmente. Cuando ayudas con el corazón abierto, sin prejuicios, con la intención sincera de aportar aunque sea un granito de arena, eso vuelve.


Es un intercambio constante. Tú vas a dar, pero recibes muchísimo más.


Ayudar ayuda. Y a veces, más de lo que imaginamos.

Entrevista y fotos de Noemi Jariod